Edna López

Cuando me presento a un desconocido normalmente tengo que emplear una locución muy larga. Veamos… Soy abogada desde el año 2000, he estudiado inglés, estoy terminando Antropología Social y Cultural y desde siempre he escrito en la más absoluta clandestinidad. Sólo de niña esta manía mía resultaba más que evidente. Nunca faltaron quienes criticaran mi exceso de imaginación, pero desde la primera novela que cayó entre mis manos, en cuanto Bastián Baltasar Bux me enseñó que la fantasía era posible, nada ni nadie ha podido convencerme de lo contrario.
Luego llegaron los años de los descubrimientos, la primera vez que escuché la voz de Orwell, las noches interminables con Faulkner en mi regazo y la profunda belleza de las “Hojas de hierba” de Walt Whitman. También fue el momento de las dudas y la verdad es que jamás se me hubiera ocurrido estudiar Derecho si Kafka no me hubiera obsequiado su colonia penitenciaria. Entonces elegí mi camino y dejé dormida a la literatura. Sin embargo, de vez en cuando le era infiel a mi decisión con un poco de Ken Follet, cosa que cualquiera podía comprender, y con algo de Dostoievsky, lo cual no me hubiera atrevido a confesárselo a nadie.
Supongo que en algún momento Marvin Harris abrió otra puerta y Malinowski no tardó en hacerse un hueco entre todos aquellos nombres literarios tan ilustres con sus aventuras en las islas Trobriand. En fin, si te imaginas perdido en una minúscula isla del Pacífico conviviendo con unas personas cuyas costumbres en todo difieren de las tuyas propias y eso aguijonea tu curiosidad, es que debes estudiar Antropología.
El instinto dormido de escribir se me despertó probablemente al releer “The catcher in the rye” y “The little Prince”. Con el primero me di cuenta de que había leído muchos de esos libros que te hacen sentir deseos de llamar a su autor por teléfono para felicitarle y con el segundo recordé que "todas las personas mayores fueron al principio niños". Así fue como rescaté a la niña que un día fui para que pudiera volver a disfrutar del placer de crear historias, de insuflar vida a sus personajes y darle forma a sus sueños.
Vida y sabiduría,
Edna

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